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El jardín de los árboles milenarios

Fen-EicheTengo una visión: la imagen de un jardín de árboles milenarios. Desde que el Homo Sapiens comenzó a apoderarse de la tierra -talando árboles con el hacha y la sierra, primero, roturando tierras y arándolas luego- hasta que consiguió hacerla efectivamente suya, muy poco ha quedado de los bosques originarios de antaño y los pocos que restan se encuentran en vías de extinción. Pero subsisten algunas grandiosas catedrales de la naturaleza, algunos bosques impresionantes; y, en ellos, todavía podemos contemplar cómo crecen árboles gigantescos y únicos cuya contemplación evoca los bosques primigenios e intactos de tiempos remotos. Todavía algunos árboles milenarios dan idea de la fascinación que a nuestros antepasados debía causar la visión de aquellos colosos verdes y nos permiten comprender por qué los veneraban como lugares sagrados donde habitaban dioses hoy extinguidos. Uno de estos árboles es el Roble de Erle, cuyas hojas vuelven a brotar año tras año y que muy bien podría ser el cimiento del primer jardín -un auténtico jardín de infancia- para los árboles milenarios.

Pero si seguimos como hasta ahora, en un breve período de tiempo, los bosques en peligro, las sacras arboledas de nuestros antepasados dejarán de crecer a la vista de millones de hombres y mujeres. Sin embargo, algunos árboles de todos los rincones del planeta podrían reunirse en parques en los que se plantaran retoños de árboles gigantes capaces de crecer, de modo que cada nueva primavera se convirtieran en testigos vivos e imponentes del vigor perdido y de la voluntad de supervivencia de las criaturas de nuestra naturaleza amenazada, una naturaleza de la cual también somos parte los humanos. Un símbolo verde y creíble del futuro que se materializa en realidad viva anillo anual tras anillo anual.

Desgraciadamente, no hay un lugar en el que crezcan todos los árboles gigantes. Por este motivo, estos proyectos de parques y jardines de los árboles milenarios deben contentarse con retoños de sus progenitores procedentes de distintos lugares. A pesar de esta limitación, el jardín ha de recibir una variedad suficiente de especies: árboles de Japón (como el Ginkgos), así como de Estados Unidos, China, Europa o Asia Menor crecerían en él.

Es, sobre todo, en esos lugares, donde los árboles todavía se alzan hasta rozar el cielo. Existen libros maravillosos sobre ellos con impresionantes descripciones e ilustraciones que nos permiten imaginarnos cómo sería el jardín de infancia de árboles gigantes en cien o doscientos años, con todos esos árboles dando razón, año tras año, de su condición y de la capacidad de supervivencia de sus progenitores.

Muchos podríamos colaborar con alegría en la creación del jardín. Quienes compartimos esta visión ya cultivamos retoños correctamente seleccionados en árboles cercanos y los intercambiamos, tan pronto como damos con un lugar apropiado para un jardín de esta índole y lo hacemos bajo la única condición de que se mantenga inalterado durante los próximos siglos. Por este motivo, los parques que acojan los jardines de infancia de los árboles milenarios deben ofrecerse como bien comunal tan pronto como resulte posible, pero sin que ello excluya la cooperación de particulares. Además, los parques han de garantizar el acceso gratuito a los visitantes que razonablemente puedan acceder a ellos. Y es que este proyecto no trata tanto de salvar tal o cual especie en peligro como de agrupar a entusiastas, a jóvenes de cuerpo o de espíritu, que se encarguen de velar por estos "árboles-monumento" y de legarlos a las generaciones futuras para que quienes un día caminen bajo sus copas se den cuenta de que todos somos Hijos de la Tierra y que ésta puede dar cobijo a las criaturas pequeñas y a las grandes si los humanos somos lo suficiente grandes de corazón para entenderlo así.

Un jardín de árboles milenarios, como el que se construiría en Raesfeld/Erle, fundado en el lugar donde se alza el mundialmente conocido Ravenseiche, debería ser el germen para otros proyectos similares en todo el mundo. Esta globalización de nuestra visión conseguiría una pluralidad de contactos internacionales, como nunca la ha habido antes.

Los bosques y especialmente sus árboles ancestrales aún concitan el respeto y la veneración de los humanos. Así lo corroboran muchísimos libros maravillosos sobre árboles gigantes, tantos diarios ilustrados de viajeros a los lugares donde se hallan los árboles viejos más conocidos de la tierra, leyendas y cuentos innumerables que narran la veneración que suscitaban en otros tiempos. Los hombres actuales ya no podemos encerrarnos en nosotros mismos ignorando todo lo anterior. De hecho, ya no lo hacemos, como muestra el número incontable de sitios análogos al que nosotros promocionamos en Internet así como el éxito incesante de El Señor de los Anillo, un libro en el que los árboles interpretan el papel primordial que encarnan los Ents, que, en inglés antiguo, significa "gigantes".

La decisión apremia: para asegurar la viabilidad del proyecto del jardín de nuestros árboles milenarios, hemos de pasar del dicho al hecho.

Rudolf Humme

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Rudolf Humme · International Hunting Guide · Holzplatz 17 · 46325 Borken / Germany
Phone: +49 (0)2861 3261 · Fax: +49 (0)2861 66556
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